🪐​​ | EL ESPACIO EXTERIOR: Cuenta atrás para el regreso a la Luna

Durante más de cinco décadas, la Luna ha sido un faro en las oscuras noches, un recuerdo en blanco y negro de una era de gigantes. Muchos fuimos los que crecimos escuchando las historias de Neil Armstrong como si fueran mitos lejanos, algo que ocurrió en un pasado analógico y que no volvería, hasta hoy. 


Hoy, Miércoles 1 de Abril de 2026, el silencio ha terminado, el rugido del cohete SLS (Space Launch System) no es solo ruido de motores, sino el despertar de una era para la humanidad, una nueva era que ya no se conforma con mirar hacia arriba. 

Si nuestros abuelos vieron en directo cómo el ser humano visitó la Luna por primera vez en 1969, nuestros nietos estudiarán cómo nos convertimos en una especie multiplanetaria. Artemis II no es un viaje de ida y vuelta común, es el aviso de que esta vez, volvemos para quedarnos.


Tres Cantos, Madrid, España.

Sin embargo, este éxito, no se ha fraguado únicamente en hangares lejanos de Houston. Gran parte del triunfo de esta misión tiene una parada obligatoria en el polígono industrial de Tres Cantos. España ha tenido un papel crucial en esta hazaña: en el vacío del espacio, la gestión del calor es una cuestión de vida o muerte, pues aproximadamente hay -180°C en la sombra y, de golpe, 120°C al sol en cuestión de segundos. El equipo español de Crisa (filial de Airbus) es el encargado de que la electrónica de la nave no se derrita ni se congele, asegurando la supervivencia de los astronautas dentro de la cápsula.

Esa tecnología española será el soporte vital mientras la nave sobrevuela el satélite con la mirada puesta en el Polo Sur.


Aunque en esta misión la nave Orión no aterrizará, su trayectoria de retorno libre está diseñada para validar los sistemas que permitirán colonizar el cono sur lunar en los próximos años. Esa ubicación estratégica es el objetivo final de la NASA, ya que allí se encuentra una gran cantidad de agua congelada que garantizará la supervivencia del ser humano. Este recurso será el oro del siglo XXI, ya sea para fabricar combustible de naves o para generar el propio oxígeno necesario para que la futura Moon Base respire sin depender de la Tierra.

Para alimentar estos equipos de alta tecnología, la energía nuclear jugará un papel determinante, ya que unos paneles solares no bastarán para soportar las condiciones extremas y las largas noches lunares. Con proyectos como el Space Reactor One Freedom, la NASA está probando reactores de fisión que nos permitirán pasar de motores químicos limitados a una propulsión capaz de llevarnos a Marte, a los planetas exteriores y más allá.


Este avance tecnológico también acabará con uno de los mayores miedos de la exploración espacial: el silencio de la cara oculta. Históricamente, pasar por el lado oscuro de la Luna significaba el silencio absoluto y una soledad aterradora al perder la señal con la Tierra. En Artemis II, gracias a las nuevas redes de satélites de comunicaciones, esa zona de sombra dejará de existir. Veremos retransmisiones en directo y en 4K desde el lado oscuro, revelando detalles de cráteres que han estado ocultos a los ojos humanos durante eones.


Todo este despliegue técnico cobra sentido al mirar a su tripulación. A bordo se encuentran Reid Wiseman (Comandante), Victor Glover (Piloto), Christina Koch (1ª Especialista) y Jeremy Hansen (2º Especialista), quienes realizarán esta hazaña acompañados por una memoria digital que custodia más de 3 millones de nombres de personas de todo el mundo, uniendo simbólicamente a toda la humanidad en este viaje.


Si el Apolo 11 fue un pequeño paso para la humanidad, Artemis II es el gran salto para la civilización. En el quinto día de misión, cuando la nave Orión complete su giro y la Tierra aparezca tras el limbo lunar, se recibirá una imagen en UHD que recordará nuestra fragilidad, al igual que ocurrió en el pasado.




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