☢️​ | DOSSIER PRÍPYAT: Los liquidadores

Una vez que el núcleo colapsó, la contención del desastre no dependió de la tecnología, sino de la movilización forzada y masiva de más de 600.000 personas. Conocidos oficialmente como liquidadores, este ejército de soldados de reemplazo, mineros, bomberos, científicos y civiles asumió la tarea de contener un peligro invisible bajo condiciones de gran hostilidad.


La primera línea de contención se activó apenas unos minutos después de la explosión, a la 01:24 de la madrugada. La brigada de bomberos de la central, comandada por el teniente Volodímir Pravik, y la brigada municipal de la vecina ciudad de Prípiat, al mando del teniente Viktor Kibenok, acudieron al bloque del reactor con el objetivo de sofocar lo que los primeros informes nombraban como un "incendio convencional en el techo de la sala de turbinas".

Debido a que los dosímetros de alta capacidad de la central estaban bajo llave o inutilizados por el estallido, los medidores de escala baja se saturaron instantáneamente, dando lecturas falsas de seguridad. El primer cuerpo de bomberos operó sin blindaje radiológico, llevando puesto sus chaquetas de lona estándar, cascos de tela y guantes de goma, exponiéndose directamente a partículas gamma y beta que destruían poco a poco sus tejidos celulares.



Sobre las 06:00 de la mañana, el Hospital de Prípiat (MSCH-126) se encontraba completamente colapsado. Las salas de urgencias recibieron a decenas de hombres que presentaban los síntomas agudos del Síndrome de Irradiación Aguda, como vómitos incontrolables, deshidratación extrema, ceguera temporal y el desconocido "bronceado nuclear".

La carga radiactiva de los uniformes de los bomberos era tan extrema que los médicos tuvieron que desvestirlos y arrojar sus ropas al sótano del hospital. A día de hoy, esa indumentaria sigue abandonada en el mismo subsuelo, registrando niveles de radiación letales para cualquiera que se aproxime.


Tras la evacuación total de Prípiat y la creación de la Zona de Exclusión de 30 kilómetros, el esfuerzo de liquidación se transformó en una operación militar a gran escala dirigida por la Comisión de Emergencia del Estado.

Los pilotos de helicópteros comandados por el general Nikolay Antoshkin, arrojaron más de 5.000 toneladas de materiales como arena, arcilla o plomo, desde helicópteros Mi-8 y Mi-26 para sellar el cráter del reactor en llamas, operando entre medias de columnas de humo altamente radiactivo que freían los sistemas eléctricos de las aeronaves.


Paralelamente, un grupo de unos 400 mineros procedentes de las cuencas de Tula y Donbás fue movilizado para excavar un túnel de 150 metros por debajo del reactor dañado. Su misión era instalar un sistema de refrigeración de nitrógeno líquido para evitar que el combustible nuclear fundido perforara la losa de hormigón del edificio y contaminara los acuíferos subterráneos que alimentaban el río Dniéper. En apenas 15 días el proyecto estaba finalizado, a pesar de las temperaturas extremas (alrededor de 50 ºC) y de tener que realizar el trabajo sin ropa ni equipos de protección debido al sofocante calor de la excavación.

Para la limpieza del terreno, unidades de infantería química lavaron kilómetros de carreteras con soluciones poliméricas adherentes, derribaron e inhumaron los bosques cercanos, naciendo así el llamado "Bosque Rojo", bautizado por el color que tomaron los pinos al morir por la absorción masiva de radiación.


Finalmente llegó la necesidad de limpiar el tejado de la central para permitir la construcción del Sarcófago. Inicialmente se utilizaron robots teledirigidos, incluyendo el modelo alemán Joker y vehículos de exploración lunar soviéticos. Sin embargo, los niveles extremos de radiación destruían los componentes electrónicos de los aparatos en cuestión de minutos.

Ante el fracaso tecnológico, el general Nikolai Tarakanov ordenó el despliegue de los bio-robots, soldados de las fuerzas de defensa química de entre 20 y 30 años. Estos soldados salían al tejado en grupos de cinco, y disponían de un intervalo de entre 45 y 90 segundos para recoger un bloque de grafito o una barra de combustible con las manos o palas, arrojarlo al reactor y regresar. Muchos de ellos solo realizaron una salida en toda su vida debido a que en ese breve lapso absorbían la dosis máxima tolerable para un ser humano.


Como reconocimiento oficial a este sacrificio masivo, el gobierno soviético acuñó la Medalla de los Liquidadores, una condecoración entregada a quienes participaron activamente en la zona de exclusión.

El diseño de la insignia muestra en su centro una gota de sangre humana atravesada por tres líneas diagonales que representan las partículas alfa, beta y gamma, los tres tipos de radiación ionizante que los cuerpos de los liquidadores absorbieron. 

En el contorno, una leyenda que dice: "A los participantes en la liquidación de las consecuencias del accidente de la central nuclear de Chernóbil". Fue la forma física de certificar que un ejército de seres humanos tuvo que actuar como escudo biológico para detener un núcleo fundido.





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