John Zachary DeLorean no fue un ejecutivo común, fue el "niño de oro" y, más tarde, el rebelde de la industria automotriz estadounidense. Nacido en 1925 en Detroit en una familia humilde de inmigrantes, desarrolló una base técnica sólida con una maestría en Ingeniería y un MBA. Tras un paso exitoso por Chrysler y Packard, alcanzó su mejor época en General Motors.
Poco después fundaría la DeLorean Motor Company (DMC) con la ambición de crear un coche ético, seguro, duradero y que desafiara la obsolescencia programada de los vehículos.
Para el aspecto visual, John acudió al maestro italiano Giorgetto Giugiaro, quien se basó en el prototipo Porsche Tapiro para crear una estética futurista definida por la carrocería de acero inoxidable cepillado y las puertas de ala de gaviota.
A pesar de su aspecto de superdeportivo, el DMC-12 ocultaba un motor V6 PRV que compartía con los modelos de Peugeot 505, Renault 25, Volvo 760. Debido a las estrictas normativas de emisiones en EE. UU., el motor fue limitado a apenas 130 CV.
Tardaba más de 10 segundos en alcanzar los 100 km/h, una cifra decepcionante para un coche que costaba 25.000 dólares.
Aunque el diseño era internacional, la producción se trasladó a Dunmurry, Irlanda del Norte, en 1978. La elección fue una decisión política de alto riesgo impulsada por el gobierno británico, que otorgó unos 100 millones de libras en incentivos para combatir el desempleo masivo que alimentaba el conflicto armado de la época.
La fábrica empleó a 2.000 personas, pero la falta de experiencia previa de los trabajadores en el sector automotriz generó graves problemas de calidad iniciales.
En 1982, con una deuda de 175 millones de dólares y la fábrica a punto de ser intervenida por el gobierno de Margaret Thatcher, John DeLorean cayó en una situación de extrema desesperación. Fue arrestado en un hotel de Los Ángeles grabado por el FBI con una maleta de 27 kilos de cocaína.
El DeLorean estaba destinado al olvido hasta que en 1985 se convirtió en la máquina del tiempo de Regreso al Futuro. Su aspecto de "nave espacial sobre ruedas" le otorgó una inmortalidad que las ventas nunca le dieron.
Hoy en día, la marca sobrevive en Texas gracias a Stephen Wynne, quien compró los derechos y el inventario restante bajo el nombre DELOREAN ONE, borrando todo el mal legado que dejo John Z. DeLorean.
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