El desierto del Sáhara tiene actualmente una superficie de aproximadamente 9.200.000 km², convirtiéndose en el desierto cálido más grande del planeta Tierra. Atraviesa más de 10 países (desde Marruecos en el Oeste hasta Egipto en el Este) y ocupa casi 1/4 de la superficie del continente africano.
Con esta gran superficie, la cual recibe una alta irradiación solar anual, seria posible utilizarlo a nuestro favor mediante la instalación de parque de placas solares.
Según estimaciones teóricas, estos parques podrían generar varias veces (o incluso superar por más de 15 veces) el consumo de energía mundial actual, utilizando para ello una superficie pequeña de unos 500.000 km².
El problema inicial es de color y calor. La arena del desierto es de tono claro, lo que significa que refleja gran parte de la luz solar de vuelta al espacio. En cambio, los paneles solares, son oscuros y tienden a absorben la mayoría de rayos para la generación de energía.
Esta absorción en superficies oscuras, aumentarían la temperatura, haciendo que se altere el ciclo del agua, conllevando a la zona a sufrir la intensificación de lluvias (sobre todo el sur de el desierto del Sáhara), "reverdeciendo" la zona.
Un aumento de las precipitaciones en el desierto del Sáhara, podrían hacer que las dunas secas se transformaran en grandes superficies de vegetación.
Una vez que la hierba y los arbustos crecen, la humedad del suelo y la cubierta vegetal ayudarían a atraer aún más lluvia, cambiando el clima y transformando el paisaje desértico.
Una vez que la hierba y los arbustos crecen, la humedad del suelo y la cubierta vegetal ayudarían a atraer aún más lluvia, cambiando el clima y transformando el paisaje desértico.
Antes de cualquier efecto de "reverdecimiento", la superficie oscura de los paneles solares en el Sahara absorbería mucho más calor que la arena, alterando los patrones climáticos que, a su vez, influyen en el Ártico.
Al derretirse el hielo blanco (que refleja el sol), se expone la oscura superficie del océano (que absorbe el sol), aumentando y acelerando el calentamiento global.
Además se modificarían las corrientes atmosféricas causando una redistribución de precipitaciones.
Las zonas húmedas como la selva Amazónica, sufrirían grandes sequias, mientras que zonas cálidas como el desierto de Sonorense en México, sufrirían inundaciones y el crecimiento de vegetación.

