[RE-ESCRITO]
Actualmente nos hemos familiarizado con el dron, un equipo tecnológico que nos sirve en una amplia variedad de aplicaciones, desde la fotografía, seguridad y vigilancia, inspecciones y mantenimiento y agricultura de precisión.

La historia del dron es mucho más antigua de lo que se podría pensar, con sus orígenes ligados al desarrollo de la tecnología militar. Los primeros antecedentes de los vehículos aéreos no tripulados se remontan al siglo XIX.
En 1849, el ejército austriaco utilizó globos aerostáticos cargados de bombas contra la ciudad italiana de Venecia. Aunque no eran controlados a distancia, se considera uno de los primeros usos ofensivos de aeronaves sin piloto.
A finales del Siglo XIX, Nikola Tesla presentó su idea de un buque controlado a distancia por radio, sentando las bases del control remoto.
Los primeros prototipos nacieron durante la WWI. En 1916, el capitán británico A.H. Low desarrolló el "Aerial Target", un vehículo aéreo no tripulado controlado por radio desde tierra para ser usado como blanco de entrenamiento. Un año después, en 1917, Charles Kettering desarrolló el "Kettering Bug", un torpedo aéreo no tripulado que volaba por una ruta preprogramada hacia su objetivo.
En la década de los 80's y 90's, con el avance de la electrónica, los ordenadores y el GPS, se crearon drones más sofisticados como el General Atomics Gnat-750 y, más tarde, el icónico Predator. Para los años 2000, con el auge de la tecnología y el desarrollo de componentes a menor escala, permitieron el nacimiento de drones más pequeños, asequibles y fáciles de controlar.

Como cualquier aeronave, esta máquina voladora tiene componentes que trabajan juntos para permitir el vuelo, la estabilidad y la ejecución de tareas a distancia. Sus sistemas de comunicación hacen posible un intercambio bidireccional de información en tiempo real entre el usuario y el dron.
El usuario envía comandos a través de un control remoto, donde son transmitidas por ondas de radiofrecuencia hacia el controlador de vuelo del dron quien recibe estas señales y las procesa, ejecutando la maniobra solicitada.
Por el contrario, el dron envía datos de vuelta al control remoto del usuario, un proceso conocido como telemetría. Los sensores del dron, como el GPS, el giroscopio y el barómetro, recopilan información vital como la altitud, velocidad, ubicación, estado de la batería, etc. y la transmiten en tiempo real al usuario.
Esta comunicación generalmente utiliza las bandas de frecuencia de 2.4 GHz y 5.8 GHz, teniendo un alcance horizontal de aproximadamente 500 m y 120 m de altura a nivel del suelo, sin embargo, algunos drones comerciales superan perfectamente estos valores.
La frecuencia 2.4 GHz se utiliza para el control de vuelo y la telemetría. Las ondas en esta frecuencia tienen un mayor alcance y una mejor capacidad para penetrar obstáculos (como paredes o árboles), pero esta banda se encuentra mayormente congestionada por las redes WiFi o Bluetooth.
La frecuencia 5.8 GHz se utiliza principalmente para la transmisión de video en tiempo real. Aunque es posible transmitir video en 2.4 GHz, la congestión de redes en esa banda puede causar interferencias en la señal de video.
Como extra, dependiendo del tipo de dron (por ejemplo, los drones FPV – First Person View), se pueden utilizar bandas de frecuencia con menor ancho de banda, mayor penetración y gran rango de alcance, lo que reduce las interferencias. Estas frecuencias suelen variar dependiendo del territorio donde se adquiera el dron FPV; por ejemplo, en Europa se utiliza la frecuencia de 868 MHz, mientras que en Estados Unidos es de 915 MHz.
Como se dijo al principio, los drones nacieron para maniobras militares. Estos drones de vigilancia, debido a sus misiones de largo alcance y alta sensibilidad, utilizan sistemas de comunicación mucho más avanzadas y encriptadas.
Para este punto, los drones militares utilizan dos métodos principales para comunicarse con los operadores:
· La radiofrecuencia encriptada para evitar interferencias del bando contrario.
· La comunicación a través del satélite permite la comunicación con sus operadores a través de satélites mediante las bandas de frecuencias Ku (12−18 GHz) o las bandas de frecuencias L (1−2 GHz), aunque siempre depende del tipo de misión. Esto les permite volar grandes distancias y ser controlados desde cualquier parte del mundo.
Este método de comunicación es semejante a la televisión satelital.

El dron envía datos (enlace ascendente – uplink) a un satélite, que luego los retransmite a una estación terrestre (enlace descendente – downlink). Estos drones militares tienen una cobertura global, ya que muchos de los satélites tienen una huella de cobertura que abarca continentes enteros. Esta tecnología militar la suelen tener los países reconocidos como primeras potencias: Estados Unidos, China, Rusia o Israel.
Los drones kamikazes (o municiones merodeadoras) son otra variante de vehículo aéreo no tripulado que opera como un sistema de ataque terminal. Funcionan como una mezcla entre un dron de vigilancia y un misil guiado, permitiendo que el operador monitoree el área del objetivo, identifique un blanco de alto valor y luego dirija el dron para que impacte con el fin de neutralizar la amenaza.
Su rango de alcance suele variar, ya que existen variantes que operan por radiofrecuencias en distancias cortas, sin embargo, también existen modelos con un mayor alcance (de 10 km a 40 km).
Las frecuencias de uso son totalmente desconocidas y se encuentran encriptadas. Además, estos drones suelen tener una superficie robusta y sistemas de navegación avanzados para mitigar las señales de interferencias y garantizar el éxito de la misión. La activación para el fin del dron es un sistema automatizado que se inicia mediante el impacto.
Esta tecnología militar la suelen tener los países que principalmente se encuentran en guerra, o cerca de zonas de conflicto, así como países reconocidos como potencia mundial: Estados Unidos, Rusia, Irán, Israel, Turquía, China, Polonia o India.
